martes, 24 de mayo de 2016

Manipulando los hilos del miedo

´Por Héctor Héreter
Caracas 23 de abril de 2008

“Aquí conocerán a grandes líderes mundiales y a otros líderes que quieren controlar el mundo” dice la afamada periodista Cristiane Amanpour en un segmento promocional de CNN-International, una manera bastante resumida de señalar los peligros que enfrentan actualmente la democracia y libertad de expresión.
Aunque al final de la Segunda Guerra Mundial la humanidad se hizo la promesa de que no volvería a suceder otro episodio donde un hombre carismático como Adolfo Hitler retornase para controlar el mundo a través del miedo, desafortunadamente, vemos como un creciente número de líderes se basan en este sentimiento primitivo del hombre para controlar las masas a través de los modernos medios de comunicación como la televisión, la cual acusan de atentar contra el pensamiento crítico y la razón.
La verdad, y la razón como modo de llegar a ella, son dos elementos fundamentales para la salud del una democracia. Sin embargo, la política contemporánea parece seguir un camino prácticamente opuesto. Nos hallamos ante un auténtico ataque contra la razón, liderado por un grupo de demagogos a nivel mundial apoyados por un séquito de manipuladores de medios de comunicación, los cuales eliminan toda capacidad de debate democrático, estimulando los sentimientos primitivos como el miedo.
El miedo como mecanismo de defensa fue necesario hace millones de años cuando era cuestión de segundos decidir si correr o enfrentar la bestia que nos veía con ojos de “tú serás mi almuerzo”.
La razón, por el contrario, se ubica en zonas del cerebro que han evolucionado más recientemente; y depende de procesos más sutiles que nos conceden la capacidad de discernir la aparición de amenazas antes de que se materialicen, y de distinguir entre amenazas reales e ilusorias, tal como lo expuso el neurocientífico de la Universidad de Nueva York, Joseph LeDoux, autor de El Cerebro Emocional
La ironía radica, dice LeDoux, que a la vez que desarrollamos una capacidad analítica a través de la razón, la misma nos produce una ansiedad ante miedos anticipados por eventos que puedan producirse en el futuro, o sea, temores creados por nuestra mente ante amenazas inexistentes. Este miedo mítico es utilizado cada vez más por los demagogos que, tal como dice la periodista Amanpour, “quieren controlar el mundo”.
¿Acaso estaremos entrando en una segunda Edad Media donde unos pocos controlaban el mercado de las ideas para imponer sus deseos basando sus estrategias en la explotación de sentimientos primitivos?
La revolución de la imprenta, iniciada por Johannes Gutenberg en 1450, acabó con el monopolio de la estancada información medieval, y desembocó en una explosión de conocimiento que fue entregada a las masas que, hasta aquel momento, no habían recibido otro conocimiento que el transmitido desde arriba por alguna jerarquía del poder, ya fuera religioso o secular. Previo a la imprenta los de abajo recibían con pasividad los mensajes emanados de la cúpula de poder.
Los pensadores de la Ilustración que encabezaron los grandes cambios de la época como la Independencia de los Estados Unidos, la Revolución Francesa y las gestas independentistas en América Latina, pusieron énfasis especial en asegurar que la opinión pública estuviera bien informada, y se preocuparon sobremanera de proteger la franqueza del mercado de ideas a través de la libertad de expresión.
Rousseau, Washington, Jefferson y Bolívar sabían que en las circunstancias idóneas, el miedo entre las masas puede desencadenar la tentación de entregar la libertad a cualquier demagogo que prometa a cambio fuerza y seguridad. Con razón el Libertador dijo: “prefiero una a libertad peligroso a una esclavitud tranquila”.
Si el líder explota los temores del pueblo para encaminarlo en direcciones insensatas, el propio miedo puede convertirse en una fuerza desencadenada que se retro alimenta, que consume la voluntad de la nación y debilita el carácter nacional, además de desviar la atención de las auténticas amenazas y sembrar la confusión acerca de las verdaderas decisiones que toda nación ha de tomar de manera constante sobre su futuro. ¿Caso específico?: Joseph Stalin.
Por tanto los líderes que quieren “controlar el mundo”, su primera acción estratégica es arremeter contra los medios de comunicación independientes. Eliminar aquellos medios que no se doblegan ante el líder o incrementar el poder sobre ellos a través de amenazas e intimidación. Al fin el Estado (mejor dicho Él, el lider, como dijo Luis XIV, le etat-c’est-moi) pasa a ser de guardián de la libertad de expresión a fiscalizador del mensaje, retrocediendo de nuevo al esquema medieval del flujo de la información.
Entre estos manipuladores podemos contar a Fidel Castro de Cuba; Robert Mugabe de Zimbabwe; Kim Jong II de Corea del Norte, el fallecido Suparmurat Niyazov de Turkmenistán; Omara Al-Bashir de Sudán y Alexander Luksenko de Bielorrusia. Todos ellos comparten un rasgo común: no admiten críticas.
La sociedad se divide, según el líder, en dos bandos bien definidos: los que están con él y los traidores. Por supuesto ambos bandos viven bajo el manto del miedo. Los primeros temen no seguir recibiendo las bendiciones del líder y los segundos de ser eliminados social o físicamente.
El filósofo romano Lucio Lactancio escribió: “Donde el miedo está presente, la sabiduría no puede existir”.
Dijimos al principio que los medios de comunicación electrónicos, principalmente la televisión, nos están llevando de nuevo a la Edad Media. Pero durante las dos últimas décadas ha surgido otro medio electrónico que todavía los sociólogos se rompen los sesos tratando de determinar su alcance y poder: el Internet.
Al menos este medio le devuelve a las masas el poder de participar democráticamente en el mercado de las ideas y hasta demostrar su repudio ante aquellos que quieren gobernar a través del miedo y la intimidación.
Un ejemplo muy claro de ello fue las recientes manifestaciones a nivel mundial de rechazo al terrorismo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) estimuladas por un grupo de jóvenes en Bogotá que propagaron su mensaje a través de FACEBOOK, un sitio en Internet que sirve como gran mercado de las ideas: desde las más frívolas hasta las más sesudas.
Otro episodio que capturó titulares a nivel mundial, pero primero se difundió a través del Internet, fue el protagonizado por el Presidente de la Asamblea Nacional de Cuba, Ricardo Alarcón, en la escuela de Ciencias de la Informática de la Universidad de la Habana donde los estudiantes no demostraron miedo a lanzar preguntas incómodas para el funcionario castrista. Preguntas que se hacen millones de cubanos desde hace décadas: las restricciones de movimiento, expresión e información; las elecciones ficticias, la discriminación, la doble moneda o la asfixia económica y el porqué de las limitaciones de acceso al Internet. Alarcón se declaró en un “perfecto ignorante” y no tener las respuestas ante preguntas tan precisas.
Nos llamó la atención que Eliécer Avila, el estudiante que hacia las preguntas, vestía una camiseta negra con un icono blanco representativo del Internet: la @rrob@. Ya los símbolos de revoluciones pasadas, como el puño cerrado con un fusil, dejaron de ser atractivos para los jóvenes que viajan hoy por el espacio cibernético. ¿Será esto una muestra de los nuevos tiempos a venir?

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