Por Héctor J. Héreter
Jean Jacques Rousseau
Durante el tiempo que laboré en The Miami Herald tuve la suerte de compartir con intelectuales y periodistas de primera línea del exilio cubano como Carlos Alberto Montaner, Mirta Ojitos y Andrés Reynaldo. De este último nunca olvidaré una frase: “la “jama” (el hambre) es uno de los mejores instrumentos de control político”, dijo Reynaldo. “Mientras mantengas a un pueblo con la mano extendida pidiendo limosnas y el gobierno el único en proveerlas tendrás un pueblo dócil sin voluntad de cambiar esta situación”.
Precisamente esta lección llegó a mi cuando ya en Venezuela se comenzaba a ver el inicio de la decadencia total tras varias décadas de derroche y corrupción, que llegaron al país envueltos en el mismo paquete de la bonanza petrolera surgida a principios de la década de los 70.
En aquel entonces el clientismo político funcionaba de diferente manera al comprar voluntades a través de dádivas y sobornos que serían la envidia de cualquier jeque saudita.
Pero ¿qué es clientismo político? El abogado y columnista, Lorenzo López de Mendoza, Argentina, nación que fue uno de las primeras en registrar este fenómeno durante el régimen Juan Francisco Perón y su esposa Evita, hace una buena definición del mismo.
López señala que “se llega al gobierno para rodearse de aduladores, de obsecuentes, de familiares y de todos aquellos que les permitan hacer “negocios” en beneficios de familiares y de “amigos”, por no decir en beneficio propio. Y qué decir de las “personas leales” (más bien hay que llamarlos “títeres”) que deben componer los cuerpos legislativos adictos. ¿Y a las personas serias, con estudios, honestas, que se preocupan por la sociedad, etc.? Hay que marginarlas, dejarlas de lado, pues pueden estorbar en ese avance inescrupuloso hacia el nuevo objetivo, que no es otro que tener más poder, con lo que podrán hacer más negocios.
Luego agrega que “´por supuesto que llegan al poder a merced de fondos que manejan misteriosamente a través de “fundaciones“ que obtienen fondos de origen desconocido (que por supuesto una vez cumplido su objetivo desaparecen); de un “aparato político” impresionante formado no por gente que viene de los colegios, universidades, etc. sino por los “mercenarios” reclutados de los sectores más necesitados de la sociedad a los que les prometen planes “sociales”, empleos públicos, planes de viviendas, etc..
¿Alguna diferencia entre lo que dice el escritor argentino y lo que hemos presenciado durante los 12 últimos años del régimen Chavista?
Muchos catalogaban a Chávez de ignorante y bruto por el desastroso manejo de economía venezolana, pero no se dieron cuenta que sus acciones obedecían a un plan muy inteligente y bien diseñado para llegar precisamente a eso: al desastre.
La culminación de este proyecto lo vimos con la recién implantada Ley piraña de Costos y Precios Justos impuesta por el régimen venezolano de Hugo Chávez, un alicate, una herramienta para subyugar aún más la voluntad de los venezolanos.
Es que en la Venezuela del siglo XXI, las leyes se instauran y aplican con el fin único de aplastar al enemigo. El espectro conspirador que constituyen la oligarquía, la oposición, los medios de comunicación independientes y el empresariado no alineado, son su objetivo.
Con esta nueva ley culmina el proyecto iniciado hace 12 años de la sovietización/cubanización de la realidad venezolana.
Venezuela es un país que sufre el haber creído en una esperanza. El destino del país es decidido por un petulante y su camarilla de socios en la infamia. La novísima Ley de Costos y Precios Justos es un ejemplo de ley piraña. Despoja y no siente el dolor ajeno, no mira ni habla por el pueblo; sólo responde con saña y un plan descabellado de destrucción del esfuerzo ciudadano.
Vendrán más expropiaciones y merma en la producción de bienes y servicios. El aparato económico y manufactura nacional será acabado definitivamente por una burocracia instalada en el poder, que sacrificará el futuro de, tal vez mas que una nación, un continente.
Tenemos los venezolanos todavía una esperanza, una oportunidad de acabar con este cáncer que carcome nuestra nación: a través de la participación activa para alentar a todos a que usen su derecho al voto. No podemos caer en la apatía y la dejadez. Inscríbete y vota
“El buen ciudadano es aquel que no puede tolerar en su patria un poder que pretende hacerse superior a las leyes”
Marco Tulio Cicerón

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