Por Héctor Héreter
11 de noviembre de 2016
¿Cómo es posible desde que el último presidente
conservador (G.W.Bush) hasta nuestros días se dé marcha atrás con la elección
de otro líder aún más conservador (Trump) que dé al traste todos los avances de
derechos humanos obtenidos en los últimos 2 cuatrenios?
¿Cómo es posible que la comunidad negra no haya votado
en masa por la candidata más viable para defender los derechos adquiridos
durante los 8 años de la administración de Barack Obama?
¿Cómo es posible que un 30% la comunidad latina (hispana) en Estados
Unidos también votó a favor de Trump sacando de carrera a la candidata más
empática con ellos y sus deseos de inclusión en esta nación norteamericana?
La respuesta la podemos resumir en tres palabras:
MIEDO AL CAMBIO.
Posiblemente todos los avances sociales logrados por
Obama llegaron demasiado rápido lo cual no permitió que muchos de la raza
blanca conocidos como WASPs (White Anglo
Saxon Protestant – Anglo Sajón Blanco Protestante) asimilaran tales cambios y
rechazarlo de manera contundente en las urnas electorales; aún cuando
rechazaran su comportamiento misógino, racista y xenófogo, pero prometía volver
a los viejos parámetros que hicieron de Estados Unidos una gran potencia
mundial, por algo su lema “Let’s make America Great Again”.
Ese “again” (“de nuevo”) es muy significativo porque
en vez de ser un avance es un retroceso a las viejas formas de gobernanza que
seduce a las masas más resistentes al
cambio.
La historia tiene grandes ejemplos de ese miedo al
cambio. Cuando surge la Reforma de
Martín Lutero en Alemania en 1517, la iglesia Católica de Roma tardó 28 años
hasta 1545 para iniciar su Contrarreforma
que no era otra cosa que un regreso a la Edad Media. Si hacemos una comparación
bis-a-bis con lo recién sucedido esta semana con la elección de Donald Trump,
veremos muchos puntos de coincidencia.
· Una jerarquía efectiva de supervisión para garantizar que el clero y los laicos
observaran las nuevas normas de disciplina y ortodoxia que
se esperaba de ellos. Trump propone un gobierno más robusto que le permita
aplicar leyes en contra de las minorías.
· El fortalecimiento de la figura del Papa. Con Trump se fortalece
la figura del Presidente.
· El control de las pasiones de los individuos.
Trump promete un control más estricto contra aquellos que desobedecen la Ley.
· El impulso a la formación de más cofradías y
hermandades. Trump logra el apoyo de grupos que defienden el viejo status quo
como es el Ku Klux Kan (KKK) y Neonazis.
· El castigo a los miembros de la Iglesia que abusaran de los bienes
económicos de los fieles. Por algo Trump insistió tanto en recalcar el caso de
los correos electrónicos de Hillary Clinton como un ejemplo de corrupción y
desorden administrativo
· Estas medidas, junto con la Inquisición y
las guerras de religión, pretendían detener el avance del Protestantismo e
infundir un nuevo entusiasmo y confianza a los católicos. Trump promete detener
el avance de nuevas estructuras sociales (LGTB, abortos, Dreamers, etc.) y
devolverle la confianza a los anglosajones de que su país retoma y vuelve al “camino
correcto”.
Pero la pregunta que surge de manera obligada:
¿Sirvió de algo la Contrarreforma, logró las metas propuestas? La respuesta es
un rotundo NO.
En vez de detener el cambio lo incentivó con
transformaciones sociales tan contundentes como la guerra de Independencia de
Estados Unidos; la revolución francesa de 1789 y las gestas independentistas a
lo largo y ancho de América Latina.
A veces la historia parece avanzar en forma de
bucles que generan retrocesos en el cambio, pero lo único que no cambia es el
cambio en sí mismo. Es la ley del
universo que estemos en un cambio continuo y por más que un xenófogo, misógino,
racista blanco de cabellera rubia intente detenerlo el cambio no cederá en su
avance; al contrario lo hará más fuerte.
"Aunque nada cambie, si yo cambio,
todo cambia." Honoré de Balzac

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