viernes, 25 de noviembre de 2016

Una telenovela que deja profundas cicatrices


Por Héctor J. Héreter
San Juan, P.R. 25/11/16

Una de las frases más conocidas del gran mariscal alemán Otto von Bismark, quien en el siglo XIX rediseñó el mapa político de Europa era “Nunca se miente tanto como ante de las elecciones, durante la guerra y después de una cacería”.
Por nuestra parte podemos decir que la mentira es repontenciada a su máxima expresión en una campaña a la presidencia regida por el populismo y demagogia en ambos lados de la contienda electoral.
El pasado 8 de noviembre se convertirá en un hito en la novela mundial de la democracia, y al igual que los grandes “culebrones” de la televisión, desde la historia de Albertico Limonta en el “Derecho de Nacer” hasta “María la del barrio”; comienzan con la mentira y toda su narrativa se afinca  en la mentira para cubrir la mentira inicial.
Luego de que los ciudadanos estadounidenses emitieran su voto hace tres semanas comienza la fase de la reflexión y el descubrimiento de las grandes mentiras de parte y parte de los candidatos a ocupar la Casa Blanca durante los próximos 4 años. Atrás quedan las pasiones, atrás quedan las decisiones viscerales de odio hacia el que piensa distinto pero las cicatrices quedan marcadas por mucho tiempo.
Tanto es así que se acuñan nuevos términos para describir la actual realidad. El muy  conservador y exigente diccionario de Oxford para admitir un nueva palabra, agregó esta nueva: Posverdad (Post-Truth);  relativo o referido a circunstancias en las que los hechos objetivos son menos influyentes en la opinión pública que las emociones y las creencias personales.
Esta es la palabra del año para el Diccionario Oxford, que ha constatado un incremento en su uso “en el contexto del referéndum británico sobre la Unión Europea y las elecciones presidenciales en Estados Unidos”, hasta convertirse en un término habitual en los análisis políticos.
Según Oxford, el término se usó por primera vez en un artículo de Steve Tesich publicado en 1992 en la revista The Nation, en el que hablaba de la primera Guerra del Golfo. Tesich lamentaba que “nosotros, como pueblo libre, hemos decidido libremente que queremos vivir en una especie de mundo de la posverdad”, es decir, un mundo en el que la verdad ya no es importante ni relevante.
 El propio Winston Churchill al finalizar la Segunda Guerra Mundial dijo que “lo primero que muere en la guerra es la verdad” y durante los 8 meses previos a la elección presidencial vivimos una verdadera guerra de insultos y amenazas de parte y parte, al punto que Trump se atrevió decirle en pleno debate a su contrincante “te voy a meter presa”, algo nunca antes visto en la historia política de Estados Unidos.
Una vez finalizada la contienda electoral y con la selección como presidente de un demagogo a todo dar a la presidencia de Estados Unidos nos preguntamos si se cerrarán las cicatrices de esta virulenta telenovela.  Por las primeras señales que salen desde la Torre Trump en Nueva York nos damos cuenta que el nuevo mandatario en vez de sanarlas quiere continuar con su “reality show” de posverdades y para ello ya escogió a sus principales enemigos que se empeñan en decir la verdad: los medios de comunicación independientes como The New York Times y The Washington Post.
Entonces la definición del Diccionario de Oxford gana preeminencia: “los hechos objetivos son menos influyentes en la opinión pública que las emociones y las creencias personales”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario